El Concepto de la Piedad (Taquwa)
Lo que se ha dicho acerca de la fe y de la rectitud
suele ser cierto en cuanto a la piedad. No es tampoco, en este caso, cuestión
de afirmaciones verbales y peticiones cómodas. Es algo mucho más serio. El Corán
es, como siempre, nuestra mejor fuente y cuando habla de los piadosos los
describe como "aquellos que creen en el Más Allá, observan la oración y
hacen caridad con algo de cuanto les agraciamos y en cuanto fue revelado
(Muhammad), quienes creen en lo que te fue revelado y en cuanto fue revelado
antes que a ti, y están persuadidos de la vida futura, estos siguen la senda de
su Señor y serán los bienaventurados" (Corán, 2:33). Piadosos son
quienes hacen caridad, tanto en la prosperidad como en la adversidad, que
reprimen su cólera, que indultan al prójimo, porque Dios aprecia a los
bienhechores, que cuando cometen una obscenidad o se condenan, mencionan a Dios
e imploran el perdón de sus pecados (mas, ¿quién sino Dios perdona los
pecados?), y no reinciden, a sabiendas, en lo que cometieron; estos, cuya
recompensa será una indulgencia de su Señor y jardines bajo los cuales corren
los ríos, donde morarán eternamente. ¡Cuán magnífica será la recompensa de
los bienhechores! (Corán 3:134‑136).
En estos versículos encontramos que la piedad
requiere un empleo adecuado de la mente, asiéndose a la verdad de Dios y de la
vida, un empleo adecuado de la riqueza, gastando a la manera de Dios en
cualquier circunstancia, y un empleo adecuado‑ de las capacidades
espirituales y físicas U hombre merced a la observancia de la oración. Exige
igualmente un elevado grado de autocontrol sobre la ira y las emociones propias,
una capacidad moral para el perdón y la paciencia y una urgencia consciente de
hacer que el pecador vuelva a Dios con dolor y arrepentimiento. Ser piadoso es
ser un hombre de convicciones auténticas y hermosas, de determinación y carácter,
de voluntad y valor y, sobre todo, ser un hombre de Dios. La piedad, la rectitud
y la fe consciente se encuentran relacionadas entre si* y confluyen todas en un
sólo cauce. Conducen al Islam y configuran al auténtico musulmán.